Infancia y Adolescencia
Septiembre, mes amarillo: comprendiendo la prevención del suicidio en la adolescencia
2 de septiembre, 2026
La adolescencia es una etapa de transición profunda y compleja, marcada por cambios físicos, hormonales, emocionales y sociales que sitúan a los jóvenes en una situación de alta vulnerabilidad.
En la actualidad, el suicidio se ha consolidado como un grave problema de salud pública a nivel global y una de las principales causas de muerte en la población joven. Lejos de tratarse de un hecho aislado, repentino o carente de motivo, este fenómeno es profundamente multifactorial, lo que significa que surge de la combinación e interacción de múltiples aspectos biológicos, psicológicos, familiares y del entorno social del adolescente.
Entre las principales causas que afectan de manera directa la estabilidad de los jóvenes se encuentran los trastornos del estado de ánimo, destacando la depresión y la ansiedad como los factores de riesgo con mayor impacto clínico. Estas condiciones alteran profundamente la forma en que el joven percibe su realidad y su futuro. Sin embargo, el origen del problema rara vez es individual; las dinámicas que ocurren dentro del hogar juegan un papel determinante. Situaciones como la disfuncionalidad familiar, la mala comunicación con los padres, la falta de un apego seguro o los conflictos constantes pueden hacer que el adolescente sienta que carece de un espacio seguro donde expresar su dolor.
A esto se le suman presiones externas y contextuales muy significativas, tales como las dificultades socioeconómicas, las exigencias y el rendimiento en el ámbito escolar, la dependencia emocional extrema en las primeras relaciones de pareja y la exposición al acoso escolar o ciberacoso. Cabe destacar que las investigaciones evidencian que las mujeres adolescentes suelen presentar con mayor frecuencia cuadros de ideación y malestar emocional intenso. Reconocer que la salud mental es un derecho fundamental y un pilar básico para el desarrollo humano permite comprender que estas conductas no son simplemente una llamada de atención superficial, sino un verdadero grito de auxilio ante un sufrimiento emocional que el joven, por sí mismo, no cuenta con los recursos ni las herramientas necesarias para gestionar o resolver.
Señales de alerta
1. Manifestaciones persistentes de tristeza profunda, apatía generalizada o pérdida total de interés por actividades que antes disfrutaba (anedonia).
2. Un aislamiento social marcado, que incluye el distanciamiento repentino de amigos, familiares y la pérdida de conexión con su entorno habitual.
3. Cambios drásticos en la conducta cotidiana, irritabilidad constante, desmotivación o expresiones verbales directas e indirectas sobre el deseo de no seguir viviendo.
4. Indicios claros, comentarios o evidencia física de autolesiones no suicidas en el cuerpo del joven como un intento desesperado de regular su dolor emocional.
¿Cuándo buscar apoyo?
Se recomienda consultar con un profesional si observas que las señales de tristeza, el aislamiento o las expresiones de desesperanza persisten de manera constante a pesar del diálogo y el apoyo en casa, o si notas cambios conductuales drásticos que pongan en riesgo la integridad física y emocional del adolescente.
Fuente:
Venecia, K. G., Diaz, L. P., & Castellanos, S. F. (2022). Revisión Sistemática de los Factores de Riesgo del Suicidio en Adolescentes de Latinoamérica [Trabajo de grado, Facultad de Psicología, Universidad Cooperativa de Colombia].
En la actualidad, el suicidio se ha consolidado como un grave problema de salud pública a nivel global y una de las principales causas de muerte en la población joven. Lejos de tratarse de un hecho aislado, repentino o carente de motivo, este fenómeno es profundamente multifactorial, lo que significa que surge de la combinación e interacción de múltiples aspectos biológicos, psicológicos, familiares y del entorno social del adolescente.
Entre las principales causas que afectan de manera directa la estabilidad de los jóvenes se encuentran los trastornos del estado de ánimo, destacando la depresión y la ansiedad como los factores de riesgo con mayor impacto clínico. Estas condiciones alteran profundamente la forma en que el joven percibe su realidad y su futuro. Sin embargo, el origen del problema rara vez es individual; las dinámicas que ocurren dentro del hogar juegan un papel determinante. Situaciones como la disfuncionalidad familiar, la mala comunicación con los padres, la falta de un apego seguro o los conflictos constantes pueden hacer que el adolescente sienta que carece de un espacio seguro donde expresar su dolor.
A esto se le suman presiones externas y contextuales muy significativas, tales como las dificultades socioeconómicas, las exigencias y el rendimiento en el ámbito escolar, la dependencia emocional extrema en las primeras relaciones de pareja y la exposición al acoso escolar o ciberacoso. Cabe destacar que las investigaciones evidencian que las mujeres adolescentes suelen presentar con mayor frecuencia cuadros de ideación y malestar emocional intenso. Reconocer que la salud mental es un derecho fundamental y un pilar básico para el desarrollo humano permite comprender que estas conductas no son simplemente una llamada de atención superficial, sino un verdadero grito de auxilio ante un sufrimiento emocional que el joven, por sí mismo, no cuenta con los recursos ni las herramientas necesarias para gestionar o resolver.
Señales de alerta
1. Manifestaciones persistentes de tristeza profunda, apatía generalizada o pérdida total de interés por actividades que antes disfrutaba (anedonia).
2. Un aislamiento social marcado, que incluye el distanciamiento repentino de amigos, familiares y la pérdida de conexión con su entorno habitual.
3. Cambios drásticos en la conducta cotidiana, irritabilidad constante, desmotivación o expresiones verbales directas e indirectas sobre el deseo de no seguir viviendo.
4. Indicios claros, comentarios o evidencia física de autolesiones no suicidas en el cuerpo del joven como un intento desesperado de regular su dolor emocional.
¿Cuándo buscar apoyo?
Se recomienda consultar con un profesional si observas que las señales de tristeza, el aislamiento o las expresiones de desesperanza persisten de manera constante a pesar del diálogo y el apoyo en casa, o si notas cambios conductuales drásticos que pongan en riesgo la integridad física y emocional del adolescente.
Fuente:
Venecia, K. G., Diaz, L. P., & Castellanos, S. F. (2022). Revisión Sistemática de los Factores de Riesgo del Suicidio en Adolescentes de Latinoamérica [Trabajo de grado, Facultad de Psicología, Universidad Cooperativa de Colombia].
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